Para la mayoría de la gente un sismógrafo es un instrumento que mide empíricamente la intensidad de un movimiento telúrico.
Sin embargo, desde que volví a Chile y sobretodo desde que trabajo en un piso 20, el sismógrafo pasó a ser un instrumento que mide la distancia cultural con los aguerridos locales que ven temblar como si vieran llover.
En mis recuerdos cuando temblaba la gente se metía debajo de la mesa y antisísmico no era una cualidad tan gelatinosa.
Ahora con suerte la secretaria se encarga de abrir la puerta y yo decido con que mano sujeto alguna de las dos pantallas mientras, que intento seguir escribiendo, más que nada para evitar levantar la vista y ver como se mueven los edificios pero no la gente.



